jueves, 21 de abril de 2016

La lírica de posguerra hasta 1970

La lírica de posguerra hasta 1970

La Guerra Civil Española (1936-1939) supuso una ruptura absolutamente determinante en todos los órdenes de la vida, y la poesía no podía ser menos. Una vez acabada la contienda, el arte resurgió, aunque no pudo evadirse de la situación político-social que vivía España. Así, la conocida como Generación del 36 nace escindida en dos grupos opuestos: la poesía arraigada (de los partidarios del Régimen) y la poesía desarraigada (de los poetas contrarios al Régimen). En los años 50, la lírica se convirtió en un medio de denuncia y en los sesenta inicia un camino de  renovación que culminará con la poesía de los “Novísimos”.

Poesía del exilio

La mayoría de los poetas españoles marcharon al exilio tras la guerra civil. Sus poesías tratan sobre la evocación del país perdido, el recuerdo de la guerra, el deseo de recuperar el pasado, la experiencia del destierro…

Los más importantes autores de poesía, como Juan Ramón Jiménez y muchos del 27 fueron al exilio. De entre los demás, destacaremos  a León Felipe, que compone en Méjico una poesía vehemente e indignada, de aire profético y declamatorio  con temas como la España perdida, la defensa de sus ideales republicanos o la realidad de los pueblos americanos.

La lírica en los años 40

Durante estos años, los efectos de la Guerra Civil están presentes en los temas de nuestros poetas. Hay una rehumanización de la literatura: el ser humano y sus circunstancias existenciales son el centro de interés de las obras literarias. En los poemas se expresan la angustia personal, el caos y el dolor producido por la guerra.
En esta década, en España hay dos tendencias poéticas de signo opuesto, denominadas por Dámaso Alonso poesía arraigada y poesía desarraigada.
La poesía arraigada (o tendencia garcilasista) no pone de manifiesto la trágica realidad de la guerra ni sus consecuencias, sino que se refugia en un mundo intimista, en el que predominan la armonía y el orden. Trata temas heroicos, religiosos, familiares y clásicos (amor, belleza) a través de un lenguaje culto y recurriendo a metros y estrofas clásicas (soneto, canción, oda). Sus poemas se publicaban en la revista Garcilaso. A esta corriente pertenece un grupo de poetas que se identifican con los ideales de los vencedores de la guerra y que se denominan juventud creadora. Sus principales representantes son Luis Rosales, Leopoldo Panero Dionisio Ridruejo.
La poesía desarraigada expresa con un lenguaje violento la desesperación y la angustia del poeta en un mundo desventurado. Esta tendencia se aleja del clasicismo y lo tradicional para ofrecernos una visión más pesimista de la vida: el desaliento del ser humano, la angustia y el dolor de las personas que se hallan sumidas en un mundo caótico y falto de esperanza. Los principales poetas de esta tendencia, que publican en la revista Espadaña, sonVictoriano Cremer y Eugenio de Nora. Sin embargo, los dos libros que mejor definen esta corriente son Sombra del paraíso(1944), de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso, ambos pertenecientes a la Generación del 27.
Poesía social (años 50)
La poesía existencialista desemboca en la poesía social: los poetas salen de su angustia interior y contemplan y denuncian lo que ocurre en la calle (marginación, paro, falta de libertad) y exigen la justicia y la paz. Consideran la literatura como una herramienta para luchar por las mejoras sociales.

            Su estilo es sencillo y coloquial, porque buscan compartir la poesía con el pueblo, y en el caso de G. Celaya llega incluso a un prosaísmo extremo.

            Los autores más representativos son:

a)     Gabriel Celaya: cultiva una poesía de tipo combativo, de carácter narrativo y de estilo sencillo y léxico coloquial (Cantos iberos, Episodios Nacionales).
b)    José Hierro: después de haber  escrito una poesía  vanguardista en la guerra civil y  una poesía de tipo existencial,  en Quinta del 42 encuentra ya causas sociales a los problemas humanos.
c)     Blas de Otero: es el gran poeta de la posguerra, cuya obra resume la evolución de la poesía de la posguerra. De tendencia existencial escribe Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia –refundidos y ampliadas en Ancia- una poesía desgarrada, áspera, en la que un Dios lejano calla ante los desconsolados gritos de súplica del poeta y se pregunta por el sentido de la vida y las consecuencias de la posguerra. Este existencialismo adquiere tintes sociales en sus siguientes libros: Pido la paz y la palabra, En castellano, Que trata de España, donde denuncia con expresión sencilla la falta de libertad del franquismo.
Poesía de la experiencia (años 50)
La Generación del 50 o Generación del medio siglo está compuesta por una serie de autores, un poco más jóvenes que los de la poesía social,  que empiezan a publicar en los años 50: Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, Carlos Sahagún y Antonio Gamoneda.

            Se compone de poetas que, partiendo de la poesía social, proponen y logran hacer una poesía más personal e intimista, iniciando la que se ha dado en llamar poesía de la experiencia. Tienen una profunda preocupación existencial o social, pero huyen de lo patético, de lo exagerado; su desacuerdo con el mundo que les circunda se manifiesta sobre todo a través de un cierto escepticismo. En la forma, mantienen el tono coloquial de los poetas sociales, pero depuran y cuidan mucho más el lenguaje y la expresión.

Veamos los autores más representativos:

  1. Ángel González: alterna los contenidos sociales con los más íntimos, a veces con estilo coloquial y otras conceptista: Áspero mundo, Grado elemental

  1. José Ángel Valente: principal defensor de la “poesía como conocimiento”: su poesía quiere buscar la palabra precisa que desvele la realidad y ayude al descubrimiento del ser. Su poesía es, por eso, sobria y densa a la vez y en ella importa tanto lo que se dice como lo que no se dice (“poesía del silencio”). Un ejemplo de ello es Treinta y siete fragmentos, donde el fragmento implica la idea de que algo falta. Recogerá sus mejores poemas en la antología Punto cero.

  1. Jaime Gil de Biedma: ejerce gran influencia en la generación actual. Principal representante de la “poesía como experiencia”: en sus versos aparece su experiencia con un tono confesional y narrativo, en la cual muestra una agria visión de la burguesía: Compañeros de viaje, Moralidades

  1. Antonio Gamoneda: actitud crítica de la poesía social, expresión de experiencias personales: Descripción de la mentira, Lápidas…

  1. Claudio Rodríguez: poeta capital de nuestros días, premio Nacional de Literatura: Don de la ebriedad (publicado con 19 años) es un impresionante y hermoso libro. Mezcla el surrealismo con el clasicismo formal y la transparencia del paisaje para profundizar en el humanismo solidario. Otros libros: Conjuros, Casi una leyenda…
Poesía de los novísimos (años 60)
Los nuevos poetas de finales de los sesenta son denominados habitualmente los novísimos porque algunos de ellos aparecen en la antología titulada Nueve novísimos poetas españoles (1970), de José Mª Castellet. Características de estos autores son:

a)     Abundancia de  referencias culturales (pintura, música, arquitectura, modernismo de Rubén Darío), debido a la variada formación literaria de estos escritores.
b)    Gusto por lo decadente y exquisito y su afición a ciudades italianas, como Venecia, han hecho que también se les conozca como los venecianos.
c)     Y junto a esta orientación culta de sus poemas, son también frecuentes  los motivos propios de la nueva sociedad de consumo, a la que critican: términos anglosajones, referencias a héroes de cine, del deporte, de la canción, de los tebeos… 
d)    Su marcado esteticismo explica su interés por el lenguaje que los lleva a la experimentación vanguardista (uso de imágenes extrañas y visionarias de carácter surrealista, escritura automática…),  o al barroquismo expresivo e incluso a la reflexión metapoética.

            Algunos poetas novísimos, o próximos a este grupo, son Pere Gimferrer, el mejor representante de la poesía “culturalista”  que se abre camino en esta nueva estética con su obra Arde el mar y  Guillermo Carnero, también calificado de veneciano y culturalista por su esteticismo,  que destaca por su obra Dibujo de la muerte. Otros poetas de la misma línea son José María Álvarez, Guillermo Carnero, Juan Luis Panero, Antonio Carvajal, Leopoldo Panero, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.


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