La lírica de posguerra hasta 1970
La Guerra Civil Española
(1936-1939) supuso una ruptura absolutamente determinante en todos los órdenes
de la vida, y la poesía no podía ser menos. Una vez acabada la contienda, el
arte resurgió, aunque no pudo evadirse de la situación político-social que
vivía España. Así, la conocida como Generación del 36 nace escindida en dos
grupos opuestos: la poesía arraigada (de los partidarios del Régimen) y la
poesía desarraigada (de los poetas contrarios al Régimen). En los años 50, la
lírica se convirtió en un medio de denuncia y en los sesenta inicia un camino
de renovación que culminará con la
poesía de los “Novísimos”.
Poesía del exilio
La mayoría de los
poetas españoles marcharon al exilio tras la guerra civil. Sus poesías tratan
sobre la evocación del país perdido, el recuerdo de la guerra, el deseo de
recuperar el pasado, la experiencia del destierro…
Los más importantes
autores de poesía, como Juan Ramón
Jiménez y muchos del 27 fueron
al exilio. De entre los demás, destacaremos
a León Felipe, que compone en
Méjico una poesía vehemente e indignada, de aire profético y declamatorio con temas como la España perdida, la defensa
de sus ideales republicanos o la realidad de los pueblos americanos.
La lírica en los años 40
Durante estos años, los efectos de la Guerra Civil están presentes en los temas de nuestros poetas. Hay una rehumanización de la literatura: el ser humano y sus circunstancias existenciales son el centro de interés de las obras literarias. En los poemas se expresan la angustia personal, el caos y el dolor producido por la guerra.
En esta década, en España hay dos tendencias poéticas de signo opuesto, denominadas por Dámaso Alonso poesía arraigada y poesía desarraigada.
La poesía arraigada (o tendencia garcilasista) no pone de manifiesto la trágica realidad de la guerra ni sus consecuencias, sino que se refugia en un mundo intimista, en el que predominan la armonía y el orden. Trata temas heroicos, religiosos, familiares y clásicos (amor, belleza) a través de un lenguaje culto y recurriendo a metros y estrofas clásicas (soneto, canción, oda). Sus poemas se publicaban en la revista Garcilaso. A esta corriente pertenece un grupo de poetas que se identifican con los ideales de los vencedores de la guerra y que se denominan juventud creadora. Sus principales representantes son Luis Rosales, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo.
La poesía desarraigada expresa con un lenguaje violento la desesperación y la angustia del poeta en un mundo desventurado. Esta tendencia se aleja del clasicismo y lo tradicional para ofrecernos una visión más pesimista de la vida: el desaliento del ser humano, la angustia y el dolor de las personas que se hallan sumidas en un mundo caótico y falto de esperanza. Los principales poetas de esta tendencia, que publican en la revista Espadaña, sonVictoriano Cremer y Eugenio de Nora. Sin embargo, los dos libros que mejor definen esta corriente son Sombra del paraíso(1944), de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso, ambos pertenecientes a la Generación del 27.
Poesía social (años 50)
La poesía existencialista desemboca en la
poesía social: los poetas salen de su angustia interior y contemplan y
denuncian lo que ocurre en la calle (marginación, paro, falta de libertad) y
exigen la justicia y la paz. Consideran la literatura como una herramienta para
luchar por las mejoras sociales.
Su
estilo es sencillo y coloquial, porque buscan compartir la poesía con el
pueblo, y en el caso de G. Celaya llega incluso a un prosaísmo extremo.
Los
autores más representativos son:
a) Gabriel Celaya: cultiva una poesía de tipo combativo, de
carácter narrativo y de estilo sencillo y léxico coloquial (Cantos iberos, Episodios Nacionales).
b) José Hierro: después de haber escrito una poesía vanguardista en la guerra civil y una poesía de tipo existencial, en Quinta
del 42 encuentra ya causas sociales a los problemas humanos.
c) Blas de Otero: es el gran poeta de la posguerra, cuya obra
resume la evolución de la poesía de la posguerra. De tendencia existencial
escribe Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia –refundidos y
ampliadas en Ancia- una poesía
desgarrada, áspera, en la que un Dios lejano calla ante los desconsolados
gritos de súplica del poeta y se pregunta por el sentido de la vida y las
consecuencias de la posguerra. Este existencialismo adquiere tintes sociales en
sus siguientes libros: Pido la paz y la
palabra, En castellano, Que trata de España, donde denuncia con
expresión sencilla la falta de libertad del franquismo.
Poesía de la experiencia (años 50)
La Generación del 50 o Generación del medio
siglo está compuesta por una serie de autores, un poco más jóvenes que los de
la poesía social, que empiezan a
publicar en los años 50: Ángel González, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez,
Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Francisco Brines, Carlos Sahagún y
Antonio Gamoneda.
Se compone de poetas que, partiendo
de la poesía social, proponen y logran hacer una poesía más personal e
intimista, iniciando la que se ha dado en llamar poesía de la experiencia. Tienen una profunda preocupación
existencial o social, pero huyen de lo patético, de lo exagerado; su desacuerdo
con el mundo que les circunda se manifiesta sobre todo a través de un cierto
escepticismo. En la forma, mantienen el tono coloquial de los poetas sociales,
pero depuran y cuidan mucho más el lenguaje y la expresión.
Veamos los autores
más representativos:
- Ángel González: alterna los
contenidos sociales con los más íntimos, a veces con estilo coloquial y
otras conceptista: Áspero mundo,
Grado elemental…
- José Ángel Valente: principal
defensor de la “poesía como conocimiento”: su poesía quiere buscar la
palabra precisa que desvele la realidad y ayude al descubrimiento del ser.
Su poesía es, por eso, sobria y densa a la vez y en ella importa tanto lo
que se dice como lo que no se dice (“poesía del silencio”). Un ejemplo de
ello es Treinta y siete fragmentos,
donde el fragmento implica la idea de que algo falta. Recogerá sus mejores
poemas en la antología Punto cero.
- Jaime Gil de Biedma: ejerce gran
influencia en la generación actual. Principal representante de la “poesía
como experiencia”: en sus versos aparece su experiencia con un tono
confesional y narrativo, en la cual muestra una agria visión de la
burguesía: Compañeros de viaje,
Moralidades…
- Antonio Gamoneda: actitud
crítica de la poesía social, expresión de experiencias personales: Descripción de la mentira, Lápidas…
- Claudio Rodríguez: poeta capital
de nuestros días, premio Nacional de Literatura: Don de la ebriedad
(publicado con 19 años) es un impresionante y hermoso libro. Mezcla el
surrealismo con el clasicismo formal y la transparencia del paisaje para
profundizar en el humanismo solidario. Otros libros: Conjuros, Casi una leyenda…
Poesía de los novísimos (años 60)
Los nuevos poetas de finales de los sesenta
son denominados habitualmente los
novísimos porque algunos de ellos aparecen en la antología titulada Nueve novísimos poetas españoles (1970),
de José Mª Castellet. Características de estos autores son:
a)
Abundancia de referencias
culturales (pintura, música, arquitectura, modernismo de Rubén Darío),
debido a la variada formación literaria de estos escritores.
b)
Gusto por lo decadente
y exquisito
y su afición a ciudades italianas,
como Venecia, han hecho que también se les conozca como los venecianos.
c)
Y
junto a esta orientación culta de sus poemas, son también frecuentes los motivos
propios de la nueva sociedad de consumo, a la que critican: términos
anglosajones, referencias a héroes de cine, del deporte, de la canción, de los
tebeos…
d)
Su
marcado esteticismo explica su interés
por el lenguaje que los lleva a la experimentación vanguardista (uso de
imágenes extrañas y visionarias de carácter surrealista, escritura
automática…), o al barroquismo expresivo
e incluso a la reflexión metapoética.
Algunos
poetas novísimos, o próximos a este grupo, son Pere Gimferrer, el mejor representante de la poesía
“culturalista” que se abre camino en
esta nueva estética con su obra Arde el
mar y Guillermo Carnero, también
calificado de veneciano y culturalista por su esteticismo, que destaca por su obra Dibujo de la muerte. Otros poetas de la misma línea son José María
Álvarez, Guillermo Carnero, Juan Luis Panero, Antonio Carvajal, Leopoldo Panero,
Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.
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